En Torres del Paine caben dos viajes que no se parecen en nada. La decisión no se toma al llegar: se toma meses antes, cuando se hace las reservas. Y casi nadie la explica bien.

Fui solo, a finales de octubre, invitado a una feria en Puerto Natales. Volé Bogotá, Santiago, Punta Arenas, y de ahí seguí por tierra.
Era el final del invierno austral. Los parques apenas estaban abriendo después de la temporada cerrada, los días eran cortos, hacía frío y el cielo estuvo gris casi todo el tiempo. Debería haber sido un problema y resultó lo contrario: no había nadie.
Punta Arenas, que casi ningún itinerario incluye
Todo el mundo aterriza en Punta Arenas y sale corriendo hacia el parque. Es un error.
La ciudad me gustó de verdad. Tiene el carácter de los puertos que fueron importantes antes de que existiera el canal de Panamá, y desde ahí se navega a las islas donde están las colonias de pingüinos.
Pero lo que uno se lleva de ese día no son los pingüinos. Es el mar. Estar en el estrecho, con el viento, mirando hacia un sur que sigue y sigue, produce una sensación de lejanía que después le da sentido a todo lo demás. Dos noches en Punta Arenas no son relleno: son la manera de entender dónde estás parado antes de llegar al parque.
A Puerto Natales, y en bus
De Punta Arenas a Puerto Natales fui en transporte público. Los buses funcionan bien, salen seguido, son cómodos y cuestan poco. Es una de esas veces en que el traslado privado no aporta nada.
Puerto Natales tiene menos encanto que Punta Arenas, es más pequeño y más funcional. Aun así es un pueblo agradable, con buen comercio y con hoteles que valen la pena.
Me quedé en Remota, a cinco minutos del pueblo pero ya afuera. Es un hotel deliberadamente austero: mucha madera, mucho vidrio, espacios grandes y bastante vacíos. A algunos les parece frío. Yo creo que es exactamente el punto: el edificio está construido para que uno sienta la intemperie que hay al otro lado del vidrio. Lo he recomendado varias veces desde entonces y siempre ha funcionado.
La decisión que define todo el viaje
Aquí está la parte que quiero que se lea con atención, porque es donde más gente se equivoca.
Puerto Natales se puede usar como base y entrar al parque cada día en excursiones. Mucha gente lo hace. Mi recomendación es que no. Una o dos noches en Natales, y de ahí adentro.
Y una vez adentro, hay que elegir entre dos maneras de dormir que producen dos viajes completamente distintos.
La primera: los refugios
Yo me quedé en el Refugio Torre Central dentro del parque, ubicado justo en el arranque del sendero al mirador de las Torres, el de la laguna con las tres agujas al fondo.
Dos cosas que conviene saber y que casi nadie dice:
Los refugios de montaña chilenos están mejor que los europeos. Lo digo habiendo dormido en ambos. Limpios, bien mantenidos, duchas en buen estado, comida decente, precios razonables. No es camping disfrazado: es infraestructura seria.
Y están donde hay que estar. Ese es el argumento de verdad. Un refugio bien ubicado te deja salir a caminar al amanecer sin haber perdido dos horas en carretera. Los hoteles elegantes, casi todos, no pueden ofrecerte eso.
Los administran dos operadores: el sector oriental, el de las Torres, y el occidental, el del glaciar Grey y Paine Grande. Se reservan por separado, y eso ya es media planeación.
La segunda: los hoteles, con una advertencia
El parque y sus alrededores tienen hotelería de primer nivel, y ahí es donde hay que tener criterio en lugar de catálogo.
Explora Patagonia está dentro del parque, sobre el lago Pehoé, y opera con guías y excursiones propias. Awasi y Tierra Patagonia están junto al lago Sarmiento, justo afuera del límite; Awasi trabaja con guía y camioneta privados por cabaña, que es su gran diferencial. Río Serrano está en la entrada sur, con una vista frontal del macizo que es de las mejores que se pueden comprar.
Y The Singular, que es magnífico y que mucha gente cree que está en el parque, no lo está: queda en Puerto Bories, al lado de Puerto Natales, montado sobre un antiguo frigorífico. Es un hotel para quedarse, no para salir a caminar a las seis de la mañana.
Esa es la advertencia completa: los hoteles más elegantes del área suelen ser los peor ubicados para caminar. Si el viaje es de trekking, la elegancia se paga en horas de carretera. Si el viaje es de paisaje, de fotografía y de sobremesa, entonces el hotel es la decisión correcta y el refugio sería un error.

Un consejo que aplica a los dos casos: pide siempre habitación con vista al macizo o al lago. El sobrecosto es de los pocos que valen cada peso.
Para quién no es
El trek al mirador de las Torres es exigente. Yo hice un tramo del W, no el circuito completo, con nieve todavía en el suelo y con luz corta, y aun así fue un día duro.
Hay que ir con el equipo correcto: botas de verdad, pantalón técnico, chaqueta que aguante viento y agua, capas. Esto no se improvisa y no se resuelve comprando algo en Natales la noche anterior. Una lista de equipaje revisada es parte del itinerario, no un anexo.
No lo recomiendo para alguien que nunca ha caminado en montaña, para alguien que no está en forma, ni para familias con niños pequeños que no estén acostumbrados a caminar horas. Decirlo antes evita un viaje arruinado.
Dicho eso: si hay ganas de caminar y de paisaje, hay pocos lugares en el planeta que devuelvan tanto.

El mismo parque, el otro viaje
A mi hermano le armé este viaje con todo lo que aprendí en el mío, y él hizo algo distinto: se quedó más días e hizo el W completo.
Es el mismo parque y es otro viaje. El mío fue de reconocimiento, en temporada cerrada, con la soledad como ventaja. El suyo fue de travesía, con los días largos del verano y el cuerpo puesto.
Volvió con lo que vuelve todo el que hace el circuito entero: el glaciar Grey, los cóndores, la posibilidad real de ver un puma, y esa cosa que solo pasa cuando uno camina varios días seguidos y el paisaje deja de ser una postal.
Los dos viajes son buenos. Pero exigen decisiones opuestas en cuanto a días, alojamiento, estado físico y presupuesto. Elegir cuál te corresponde, antes de reservar nada, es la mitad del trabajo.
Seguir a Argentina, que hoy sí se puede
Al salir del parque se cruza a Argentina por el paso de Cerro Castillo, Río Don Guillermo. Estuvo cerrado durante años y volvió a abrir en 2022; además pavimentaron el camino chileno que llega hasta ahí, así que el trayecto a El Calafate es cómodo.
El Calafate es otro viaje, y hay que tratarlo como tal en lugar de meterlo como apéndice. Los glaciares, y sobre todo El Chaltén con el Fitz Roy, que es de los mejores lugares del mundo para caminar. Y para quien no camina, igual funciona: se ve casi todo sin exigencia física.
Terminando ahí, lo natural es volar a Buenos Aires y darle dos o tres noches. Sea la primera vez o la décima, siempre hay algo nuevo y siempre cierra bien un viaje de montaña.
La advertencia que de verdad importa
Esto no es un consejo general, es lo que me está pasando ahora mismo.
Estoy tratando de reservar en septiembre para clientes que viajan en diciembre y enero, y está todo agotado. Refugios, hoteles, las opciones buenas. La presión turística sobre estos parques crece cada año y los cupos son limitados por diseño, no por casualidad.
Para viajar a Patagonia en temporada alta hay que reservar con seis meses o más de anticipación. Quien empieza a mirar tres meses antes no elige: toma lo que quedó.
Cómo lo construimos nosotros
Un viaje a Torres del Paine bien armado tiene cuatro decisiones y ninguna es de catálogo.
La ventana. Finales de noviembre es, en mi opinión, el mejor momento: los parques ya abrieron del todo, los días son largos y todavía no llegó el lleno de enero. Mi viaje de octubre funcionó por la soledad, pero perdí horas de luz y varios senderos.
Refugio u hotel, según el viaje que quiera el viajero, no según el presupuesto.
Cuánto Patagonia. Punta Arenas, Natales, el parque, y si el tiempo alcanza, cruzar a El Calafate y El Chaltén y salir por Buenos Aires. Es un viaje que crece bien, pero que no admite hacerlo a medias.
Cuándo se reserva. Que en este destino es la variable más determinante de todas.
Es el mismo criterio que aplicamos en cualquier parte. En Cuenca son los talleres; en la costa vasca, las mesas reservadas con semanas de anticipación. Aquí son los cupos del parque. Cambia el detalle, no el oficio.
Si estás pensando en Patagonia, conversemos, y conversemos pronto. Diseñamos cada itinerario desde cero, a la medida de quien lo va a vivir.